Hace tiempo, en la vereda charlando comn mi vecina:- ¡cómo andás Estela!
La señora de la esquina se suma al cónclave barrial. Dice que viene de la pileta, que va al club Adrogué, el de la estación (mucho menos fino de lo que suena y por eso lo queremos).
- ¡Con este frío! Estela hace gesto de cerrarse un poco más el saquito con el que la agarré de improvisto mientras sacaba rapidito la basura.
- Sí, me abrigo y voy, hay que moverse.... me interpela con la mirada.
Y yo:- Sí, lo conozco, llevaba a mi hija de chiquita a nadar. Es re linda la pileta, mucho más grande que la del Brown.
Dice que además va a hacer danza a Lomas desde hace como veinte años y ahi me toca el corazón:
- danza que lindo, yo bailaba, ¿que hacés?
- Cásico y español
Estela se suma al ensueño:
- yo también bailaba, tengo las fotos con las zapatillias y los pies así (y cruza las manos como "en punta").
Las tres recordamos algo, un tiempo, un proyecto trunco.
- Hasta que mamá dijo "se acabó la danza, hay que estudiar", Estela nos baja de un golpe a las tres: y si, a mi también...
Jacinta me mira fijo, como si nos conociéramos mucho y me dice:
-No dejes de hacer lo que te gusta, todas las mujeres hacemos lo mismo...
Mientras me aconseja yo siento que alguien habla a través de ella.
La conversación sigue en torno a un malvón que parece que es un espectáculo, gordo así con una flor de dos colores que Jacinta confiesa haberse robado de algún lado.
Arranco para la farmacia, que era el camino original, y entreveo a Mile chiquita nadando como un delfín en una pileta enorme, y a una niña anterior a ella intentando un "she te tanleve".
No sé qué me dice ese pasado, pero en el futuro espero parecerme más a la Jacinta de setenta y pico que a la Luciana de hoy.
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